Desde 2010, Hermès recoge los recortes de cuero, seda, cristal y porcelana que sobran en sus talleres y se los entrega a artesanos para convertirlos en objetos nuevos, bajo el nombre petit h. No hay campaña de sostenibilidad. No hay comunicado. Pascale Mussard, sexta generación de la familia Hermès y responsable del proyecto, resume la lógica en una frase: "El lujo es lo que se repara."

Ese gesto —reutilizar en lugar de descartar— lleva quince años funcionando sin necesitar un argumento moral que lo sostenga. Y ahí está lo que la mayoría de las estrategias de sostenibilidad pasa por alto: Hermès no convenció a nadie de nada. Normalizó un hábito hasta que dejó de parecer una rareza. Aristóteles ya lo había explicado veinticuatro siglos antes: las virtudes no se adquieren por argumento, se adquieren por repetición de actos. Ningún discurso, por bien razonado que esté, transforma un hábito ya arraigado. Lo que transforma un hábito es otro hábito —uno lo bastante sencillo como para imitarse sin esfuerzo.

La sostenibilidad no se anuncia. Se normaliza. Y solo se normaliza aquello que resulta lo bastante fácil de copiar.

El sociólogo Georg Simmel distinguía entre dos tipos de personas: quienes actúan movidas por razones propias, y quienes actúan simplemente porque así lo hace la mayoría. La comunicación de sostenibilidad casi siempre se dirige al primer grupo — datos, argumentos, cifras de impacto — e ignora que la mayor parte del mercado no se mueve por convicción, sino por costumbre. Se mueve por lo que ve hacer a quienes ya sigue.

Esto tiene una consecuencia directa para cualquier marca o diseñador: no basta con tener razón. Hace falta que el comportamiento correcto sea visible, repetible y fácil de copiar. Petit h no explicó por qué reciclar es importante. Instaló el taller, invitó a artesanos y artistas, y dejó que la pieza terminada hablara por sí sola. Quince años después, sigue funcionando sin necesitar un manifiesto.

Lo que una marca comunica sobre sostenibilidad no es solo un mensaje: es una invitación a la imitación. Cuando esa invitación funciona, se convierte en norma compartida. Cuando no, se queda en discurso — y el discurso, sin repetición, no cambia nada.

Referentes, no campañas

Modela el comportamiento antes de pedirlo

Gesto repetible

Diseña lo que se copia, no solo lo que se lee

El imitador importa

La mayoría actúa por costumbre, no por convicción

La pregunta que toda marca debería hacerse antes de lanzar su próxima campaña de sostenibilidad no es si el mensaje es cierto. Es si alguien podría imitarlo mañana, o si solo podrá leerlo hoy.

Basado en la investigación de Florencia Garrido Larreguy, "Estética, ética y política de la moda: hacia hábitos sustentables", Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación, 257 (2025/2026).